Armando Palacio Valdés
En la Iglesia Parroquial de San
Juan Bautista de Entralgo a seis días del mes de octubre del año 1853, yo, el
infrascrito Cura de ella bauticé solemnemente según previene el ritual romano,
a un niño que nació el día 4 del mismo a las 4 y media de la tarde, llamose
Armando Francisco Bonifacio, es hijo legítimo de legítimo matrimonio del
Licenciado Don Silverio Palacio Cárcaba, y de Doña Eduarda Rodríguez Valdés
Alas, naturales, aquél de la Parroquia de San Juan del Real de Oviedo, ésta de
Entralgo, de donde son vecinos. Abuelos paternos Don Francisco y Doña Vicenta
Fernández de Cárcaba, naturales, aquél de Villaviciosa, ésta de Oviedo, donde
ella fue y éste es vecino. Maternos Don Francisco y Doña María Dolores Alas
Carreño Valdés, difuntos, naturales aquél de Ciaño de Langreo y ésta de la
villa de Avilés. Fueron padrinos, Don Bonifacio y Doña Bruna Alas Carreño
Valdés, naturales de Avilés, tíos del bautizado y por hallarse ausentes
hicieron sus veces Don José Marina, Párroco de Pola de Laviana, y Doña María
del Rosario Palacio natural de Oviedo, tía del bautizado y a quienes advertí
del parentesco y obligaciones, que no contrajo la madrina. Y para que conste
fecha ut supra. –José García Montero.
Del más afamado lavianés, el escritor Armando Palacio Valdés, poco se
puede añadir a lo que ya se sabe. Para consulta de su vida y su obra no hay más
que abrir los ojos y ahí está. Tras el nacimiento de Armando, su madre enfermó.
El médico que la trató le recomendó pasar los crudos inviernos de Laviana en
otro lugar con clima más benigno, aunque Silverio finalmente optó por Avilés,
de donde nació la relación del escritor con esta villa antaño marinera, luego
industrial y ahora turística. El caso es que vivieron en Avilés durante seis
años antes de abandonar la villa de forma definitiva, antes de establecerse en
la capital del reino, Madrid. Una vez alcanzada la fama, recibió honores de las
sociedades y círculos más variados, como el de Oficial de la Legión de Honor, o
como el de miembro de la Societé de Gens de Lettres, o como el de The Spanic
Society of America, o como el de The Royal Society of Literature, entre otros.
Bien, oficialmente Armando Palacio Valdés nació el cuatro de octubre de
1853 en Entralgo y moriría el 29 de enero de 1938 en Madrid. En 1865 se fue a
vivir con su abuelo a Oviedo para estudiar el Bachillerato en el mismo edificio
de la Universidad. A los cinco años terminó los estudios y se fue hasta Madrid
para realizar la carrera de Leyes, la cual dio por terminada en 1874. Allí
comenzó a publicar en diarios y revistas. También se casaría, con Luisa
Maximina Prendes, que fallecía en 1885 tras año y medio de vida conyugal.
Armando volvería a contraer segundas nupcias con Manuela Vega y Gil en 1899.
Su carrera como novelista se inició con la publicación de El señorito Octavio, siendo la última Sinfonía Pastoral, en 1931, aunque nueve
años después de ésta se publicó póstumamente la que debería ser la segunda
parte de La novela de un novelista y
que en esta ocasión llevaba por título Álbum
de un viejo. Entre sus afamadas obras se pueden destacar dos relacionadas con
su lugar natal: La aldea perdida y Sinfonía Pastoral.
En homenaje a este ilustre entralguino, a mediados del siglo XX se le
erigió un busto en la plaza del Ayuntamiento, renombrando ésta con su nombre;
si bien la plaza continúa llamándose igual, el busto acabó siendo trasladado
varias décadas después a Entralgo, junto a la casa natal del escritor,
convertida en museo.
Eladio García Jove
POLA. Heladio Bernardo, hijo de Dn. Gaspar
García Jove.
El
día diez y ocho del mes de febrero, año de mil ochocientos cuarenta y nueve, yo
el infrascrito Don José Álvarez Marina, párroco de Sta. María del Otero, Villa
de la Pola, Capital del concejo de Laviana, bauticé solemnemente a un niño,
nacido hora de las seis de la tarde anterior; y se llamó Heladio Bernardo, hijo
legítimo y de legítimo matrimonio de mis feligreses Don Gaspar García Jove y
Dña Leonor Alonso, naturales aquel de la parroquia de San Martín del Rey
Aurelio, y ella de Lorío; son sus abuelos paternos Don José, ya finado, y Doña
María Hevia, ésta natural de Blimea, y aquél de la citada de San Martín del Rey
Aurelio, y maternos Don Bernardo y Doña Bernarda González, naturales, el
primero de la expresada de Lorío, y la segunda de Oviñana en Sobrescobio.
Fueron padrinos mis feligreses Don Francisco Martínez y su mujer Doña Bernarda
Fernández, que no tocó; advirtiéndoles cuanto previene el Ritual Romano; y para
que conste extiendo y autorizo la presente partida, fecha ut supra.- José
Álvarez Marina.
Tras realizar los primeros
estudios pertinentes en la misma Pola de Laviana, la enseñanza secundaria la
cursó en el seminario de Valdediós, en Villaviciosa. De ahí pasó a estudiar a
la universidad de Valladolid, en donde se licenció en 1880 en la carrera de
medicina. Luego, se trasladó a Pola de Laviana, donde puso consulta y se casó
con Maximina Zapico.
Además de colaborar de forma asidua con la prensa, como el ovetense El carbayón, en 1890 editó el semanario El Porvenir de Laviana, cuya vida
alcanzó solamente dos años, y un lustro después la revista Laviana, también de efímera existencia; aun más efímera fue la vida
de la revista juvenil Ahí va
eso. En 1891 se publicó en Oviedo el folleto Errores populares, basado en su experiencia como médico y
describiendo aquellas supersticiones, dichos y conductas tan populares como
equivocadas; verbigracia, la muerte de una adolescente en Pola de Laviana, al
poco de llegar de Valladolid, que murió atendida por una curandera que achacaba
el mal a la “paletilla en bajo”. Por todo ello se le consideró el cronista de
Laviana y de Langreo.
Seis años después se le nombró médico forense del partido judicial de
Laviana y poco después de la Beneficencia municipal. Años más tarde, a finales
de siglo, se trasladó a San Martín del Rey Aurelio como médico del concejo,
además de algunas empresas mineras, por cuya labor global el 14 de julio de
1923 recibió la Cruz de la Beneficencia de primera clase, costeada por los
propios munícipes, “en atención a que el interesado se ha excedido siempre en
el cumplimiento del deber, ejerciendo el cargo de Médico como un apostolado y
dedicando su vida al servicio de los enfermos, de los pobres y desvalidos con
altruismo y caridad inagotables”. Además y en agradecimiento por su labor en el
concejo de San Martín del Rey Aurelio, el día 24 de ese mismo mes el cabildo
aprobó por unanimidad dedicarle una calle en El Entrego. En Pola de Laviana se
le dedicó la calle que enlaza la plaza del Ayuntamiento con la calle Mariano
Menéndez Valdés.
Murió en San Andrés de Linares, en el concejo de San Martín del Rey
Aurelio, el 21 de febrero de 1925.
Emilio Martínez
Existen en Pola de Laviana tres
calles que, vistas desde un punto de vista ajeno al local, son una misma calle;
se trata de la conocida popularmente como “la Calle Tras” (la calle de atrás).
Hasta la segunda mitad del siglo XIX fue la principal calle de la villa y el
único nexo de unión con el resto de la cuenca naloniana. En sus orígenes la
calzada que salía desde la Pola en dirección sur era denominada “camino del
Condado”, que entonces no formaba parte del casco urbano, corresponde en la
actualidad a la calle “Fray Norberto del Prado”. Si, en cambio, hubiéramos
optado por tomar la calzada que salía en dirección norte, nos habríamos topado
con la “carretera de Sama”, cuyo tramo viene a coincidir más o menos con la
actual calle Emilio Martínez. La tercera calle en cuestión era la Calle de
Arriba, lo que es ahora la calle Padre Valdés, cuyos límites eran el puente
sobre el río San Julián al sur y la fuente Los Corrales al norte. Pues bien,
ésta será la semblanza del dedicatorio de la segunda de las calles mencionadas
Este gran devoto de la virgen del Otero que lleva por nombre Emilio
Martínez, nació en la Pola el 6 de octubre de 1876 ó 1878, pues parece haber
discrepancias en el año de su natalicio; sí es seguro que ingresó en los
agustinos de Valladolid con 15 años, pero que abandonó los estudios
eclesiásticos para regresar a su villa natal y entrar a trabajar en la mina del
Meruxal (1898). Marchó a la Habana un año después de comenzar en la mina, y
allí se inició como escritor lírico: en 1908 su composición "el
Poeta" fue premiada allí en los Juegos Florales organizados por el ateneo,
cuando en 1904 su obra "La Inmaculada" ya había sido premiada en Buenos Aires y en Zaragoza. La
literatura, no obstante, no le reportaba el suficiente beneficio para vivir,
así que se dedicó a diversos trabajos con poca fortuna. Se casó con Josefina
López Arzoa, con quien regresó a España en 1930 para instalarse en La Coruña.
Tras enviudar en 1948 retornó a Laviana totalmente arruinado, así que hubo de
compartir casa con su cuñada Juanita y, a la muerte de ésta, con Conrada
Fernández, que era hija de un sobrino suyo, Aquilino. El 24 de abril de 1951 se
le concede, como hecho único en este concejo, el cargo "remunerado"
de Cronista Oficial de Laviana a petición de un buen número de munícipes para
aliviar un tanto su precaria situación; dicho cargo lo mantuvo en su poder
hasta el día de su fallecimiento, el 11 de diciembre de 1959.
Ceferino González Díaz
En veintiocho de enero de mil ochocientos treinta y uno, Yo, Dn
Bernardo Moro, Presbítero, Escusador de esta parroquia de San Nicolás de
Villoria, por Dn Juan Carbajal Hevia, Abad Cura Propio de ella, bauticé
solemnemente un niño que dijeron haver nacido el mismo día y se llamó Ceferino,
hijo legítimo de Dn Manuel González y Dña Teresa Díaz Tuñón, moradores de esta
Villa y oriundos de la parroquia de San Martín de Soto en el concejo de Aller.
Abuelos paternos Franco González y Javiera González, esta oriunda de San
Salvador de Cabañaquinta, hijuela de la parroquia de Vega en el concejo de
Aller y este de la citada parroquia de Soto. Abuelos maternos Vicente Díaz
Tuñón y María Blanco, esta oriunda de la parroquia de Vega y aquel de la de San
Vicente de Serrapio en el mismo concejo de Aller. Fueron padrinos Dn José
Carbajal Hevia y Joaquina Suárez esta no tocó, advertí al padrino de la
obligación y parentesco espiritual y por verdad lo firmo fecha, día y mes y año
ut supra. Bernardo Moro.
En fin, en Pola de Laviana las
plazas rememoran a sus hijos más ilustres: Armando Palacio Valdés y Maximiliano
Arboleya son dos ejemplos; un tercero sería Fray Ceferino González y Díaz
Tuñón. Nació Ceferino, como vemos en su partida de bautismo, el 28 de enero de
1821 en la localidad El Campal de Villoria, hijo de labradores, al igual que
sus dos hermanos Saturnino y Anastasio (quienes llegarán a ser sacerdotes).
Estudia en Ciaño, a donde acude diariamente desde su Villoria natal; ingresa en
el convento de Ocaña y se especializa en Filosofía, cuyos estudios termina en
la Universidad de Manila, a donde la congregación le envió en 1849 como
misionero y en donde fue nombrado sacerdote apenas puso pie en la ciudad. Con
treinta años es nombrado profesor de Humanidades en la misma universidad
filipina y dos años más tarde le otorgan el profesorado de Filosofía. En 1859
se traslada a la Universidad de Santo Tomás, donde impartió clases a Norberto
del Prado y Ramón Martínez Vigil, para recibir la cátedra de Teología; siete
años después regresa a España.
En 1875 accede al obispado cordobés en contra de sus apetencias por
orden del papa Pío IX pues “por lo que ha escrito le hago obispo, que lo sea y
escriba además”. En 1873 es nombrado arzobispo de Sevilla y un año más tarde
obtiene la titularidad de “Santa María supra Minervam” como cardenal. En tan
sólo tres años debe trasladarse, promovido por Alfonso XII, a Toledo para
hacerse cargo del arzobispado como Primado y Patriarca de Toledo, aunque debido
a su salud pronto regresaría a Sevilla. Ya con sesenta y cuatro años es
titulado como Patriarca de las Indias, capellán mayor del rey y vicario general
castrense, además de ser nombrado “hijo adoptivo de Manila”. Años más tarde, en
1893, se le nombra miembro de la Real Academia Española de la Lengua, cuando ya
se le había detectado un cáncer de maxilar, a causa del cual habrá de expirar
el 28 de noviembre de 1894 en el convento de la Pasión de Madrid, asistido por
el obispo de Oviedo Ramón Martínez Vigil; su cuerpo fue enterrado en la iglesia
de los padres dominicos de Ocaña.
Además de todos los títulos y
estudios arriba mencionados, Fray Ceferino era académico de la “Romana de Santo
Tomás de Aquino”, de la de “Buenas Letras” de Sevilla y de las Ciencias Morales
y Políticas, además de la Historia. Incluso llegó a ser nombrado senador del
Reino. A su muerte poseía el collar de la Orden de Carlos III, así como la Gran
Cruz de Isabel la Católica.
Fue Fray Ceferino un hombre
delicado de salud por sus constantes problemas respiratorios ya desde la
infancia, y sus males tal vez se agravasen durante la obligada estancia en
Filipinas. A pesar de todas sus obligaciones para con los cargos que tenía, además
de sus escritos, sobre todo artículos, además de todo ello volvía a su tierra
natal de cuando en cuando, la última vez en 1890, cuatro años antes de su
muerte. De él escribió Pidal y Mon que fue “un fraile joven y seco, de mediana
estatura, de ojos vivos, mirada penetrante, morena tez, gesto adusto, frente
concentrada y saliente, pelo negro, rostro barbilampiño y bronca y desapacible
voz”.
De su pasión por Santo Tomás llegaron algunos de sus mejores escritos,
siendo incluso traducidos a varios idiomas e incluso utilizados como libro de
texto en Francia, Bélgica, Italia, Alemania, Polonia, Rusia…
Pues bien, a este ilustre
lavianés se le reconoció en parte sus mérirtos poniendo su nombre a la plaza
más importante de Pola de Laviana (salvo la del Ayuntamiento, obviamente); esto
es, a la Plaza Nueva, llamada a principios de siglo Plaza del Mercado (pues era
allí donde se localizaba el mayor número de tenderetes en los mercados del
jueves). Poco después se le cambió el nombre por el de Fray Ceferino, pero con la
llegada de la II Repúblico el cabildo consideró oportuno renombrarla en favor
de Pablo Iglesias, cual aparece en fecha de 1936. Fue tras la guerra que la
susodicha plaza recuperó el nombre de Plaza de Fray Ceferino, cuyo título aún
luce en la actualidad.
En palabras del propio Ceferino,
considerado uno de los más grandes filósofos españoles, si no el más, durante
el siglo XIX: “La victoria de España no puede venir sino después de la
anarquía”.
Norberto del Prado y Fernández
En la iglesia parroquial de San
Martín de Lorío a 8 de junio de 1852, yo don Luis Barreiro, cura párroco de la
misma, bauticé solemnemente a un niño que nació en la tarde del día 4, y se
llamó Norberto. Es hijo de legítimo matrimonio de Francisco del Prado y
Umbelina Fernández, vecinos de Lorío. Abuelos paternos: José del Prado, natural
del Condado Rosenda Concheso, natural de Samielles, Lorío. Abuelos maternos:
Francisco Fernández Mayadón, natural de Soto de Lorío, y Francisca Fernández
Entrego, natural del Condado, todos en Laviana. Padrinos: Abdón del Prado,
hermano del niño y Ramona del Prado, tía carnal.
Los padres de Norberto eran labradores, pero no por ello privaron a su
vástago de una educación que inició en el propio pueblo de Lorío, donde parece
ser que causó cierta admiración por sus cualidades intelectuales. Llegada una
edad apropiada (esto es, a los quince años), fue ingresado en el convento
dominico de Ocaña, tal como había hecho otro lavianés insigne no hacía muchos
años atrás, Fray Ceferino González, a quien Norberto le uniría, como veremos,
unos lazos especiales. El caso es que al año siguiente, 1868, tomó los hábitos
en el susodicho convento. De aquí, al igual que su antecedente Fray Ceferino,
se vio impelido al convento de Santo Domingo en Manila el 11 de diciembre de
1872, allí fue ordenado subdiácono, diácono y, finalmente, presbítero (1875) el
mismo año en que terminó sus estudios. Más tarde lograría doctorarse en
Teología y Filosofía, especializándose en Santo Tomás de Aquino como discípulo
de Fray Ceferino González, del cual siguió sus mismos pasos dando clases en el
convento de Santo Domingo y siendo nombrado catedrático de Filosofía por la
Universidad. También al igual que Fray Ceferino, hubo de regresar a España a
causa de problemas con la salud, acabando en el convento de Santo Domingo de
Cádiz en 1890, donde apenas pudo disfrutar del clima, pues al año siguiente fue
trasladado a la joven Universidad de Friburgo, en Suiza, donde ejerció la
cátedra de Teología dogmática durante veintisiete años.
Desde este rincón helvético su fama como filósofo tomista se expandió
por todo el continente, llegando a polemizar con más de un filósofo que opinaba
en contra. La muerte le alcanzó el 14 de julio de 1918 en la propia Friburgo.
Para conmemorar a este hijo ilustre del municipio, el cabildo le
concedió su nombre a la que fuera en su tiempo la principal calle de la villa,
la Calle de Abajo, en el tramo que va desde su principio llegando desde El
Condado hasta la Plaza de la Pontona, pues en el tramo siguiente cambia la calle
en dos ocasiones más hasta llegar al final.
Graciano Martínez Suárez
El día veintisiete de marzo de
mil ochocientos sesenta y nueve, yo el infrascrito coadjutor ad nulum de Stª
María del Otero, villa de Pola de Laviana, en la Diócesis de Oviedo, bauticé solemnemente
y según dispuso la Iglesia, un niño, nacido, según dijeron, el mismo día, sobre
las cinco de la mañana, a quien se puso por nombre Graciano, hijo legítimo y de
legítimo matrimonio de Valentín Martínez y Josefa Suárez, naturales y vecinos
desta Villa. Abuelos paternos Manuel y María García Noriega, y maternos,
Bernardo y María Pérez, todos de esta Parroquia, menos el abuelo materno que es
natural de la inmediata de Lorío. Padrinos: Fernando Alonso y Vicenta Martínez,
tía del niño, que no tocó, ambos de esta parroquia. Les advertí lo prevenido
por el Ritual Romano. Para que conste, lo firmo, fecha día y año. Wenceslao
García del Riego.
NOTA. Falleció en la Residencia de PP.
Agustinos, de Madrid, el 2 de febrero de 1925, rodeado de gran popularidad como
publicista católico. Manuel Valdés.
Si bien los primeros pasos quien habrá de ser notable filósofo y
escritor los dio en la casa conocida como La Portalada (hoy desaparecida), los
primeros pasos académicos estuvieron ligados a Pedro García Morán, no sólo
maestro suyo y de su hermano Emilio Martínez, pues Graciano coincidió en sus
clases con Maximiliano Arboleya y Manuel de Jesús Martínez, entre otros. Graciano
mantuvo desde siempre una estrecha relación con a los Padres Agustinos, pues,
siendo joven, con diecisiete años, ingresó en el convento vallisoletano de
éstos, profesando un año después y siendo ordenado sacerdote ocho años más
tarde (1895) en El Escorial.
Cumpliendo con lo que parece ser perceptivo en aquella época, fue
enviado como misionero a Filipinas, por donde pasaron tantos ilustres
religiosos lavianenses, ejerciendo de sacerdote en la parroquia de Sapao. Desde
ahí se hubo de trasladar hasta la Universidad de Wurzburgo, en Alemania, donde
pasó un año estudiando las nuevas corrientes filosóficas. Desde aquí fue
trasladado a Argentina, donde también pasó un año, para acabar pasando otro año
más en Uruguay. Una vez más, fue enviado luego a La Habana, en donde permaneció
dos años. Residiendo en Cuba estalla la guerra y, aunque intentó huir, cae prisionero,
permaneciendo en la cárcel algo menos de año y medio. Desde aquí es trasladado
de nuevo a Filipinas, Manila. Prosiguió vagando de un lugar a otro, incluso
pasando brevemente por España, hasta que en 1910 parece finalizar su particular
viático al establecerse en España ese año y, cuatro años después, ya reside de
forma habitual en Madrid. Para entonces ya había alcanzado cierta notoriedad, a
tal punto que la Real Academia Española le encargó un panegírico sobre el
recién fallecido Marcelino Menéndez y Pelayo. Sin embargo, su período más
fecundo estaría ligado a la revista “España y América”, de la que fue nombrado
director en 1914.
Como ya se mencionó arriba, Graciano habría de morir en Madrid en 1925,
en la residencia llamada Colmuela, a causa de un ataque al corazón.
Julio Ignacio Castaños Nieves
Julio Ignacio Castaños Nieves nace en San Juan de Puerto Rico el 30 de
junio de 1885, cuando aquellas tierras aún eran parte de España. Fue bautizado
aquel mismo día en la Iglesia de los Remedios, catedral de Puerto Rico. Era
hijo de Francisco Castaños Gonzales (Militar de carrera) y de Tomasa Nieves
Torres (De descendencia española, originaria de Bayamon, Puerto Rico), siendo
hermanos suyos Acasia, Tomasa y Gonzalo. En 1887 dado el trabajo de su padre se
regresa a España, estableciendo su residencia en Gijón hasta 1902. Con 17 años
se traslada a Méjico, en concreto a Atlixco Puebla, donde se empieza a
relacionar con empresarios textiles asturianos. En 1911 se casa en Puebla de
Zaragoza, Méjico, con Aurelia Gavito, hija de un empresario asturiano,
adquiriendo ella la nacionalidad española por matrimonio, de cuya unión verán
la luz dos hijas: Aurelia Adela y Esmeralda María Luisa (que nacen en Gijón); y
dos hijos: Julio Ramón y Francisco Tomás (que nacen en Puebla de Zaragoza).
En 1913 entra en la Logia Masónica de Jovellanos en Gijón, lo que le
causará constantes quebraderos de cabeza con el advenimiento del franquismo.
Por fin, en 1923 se instala en Gijón de forma definitiva junto con su mujer y
sus cuatro hijos, año en el que ya comienza a hacer sus pinitos dentro de la
política hasta que en 1931 encabeza la candidatura del Partido Radical
Socialista Republicano para la alcaldía de Laviana, elecciones que gana por
mayoría. Una de sus más importantes aportaciones a la vida pública polesa fue
la apertura de las escuelas estatales, cuyo edificio pasó a ser hospital y
cuartel durante la guerra civil, para tornar a su uso originario años más
tarde.
Cuando estallaron las revueltas de octubre de 1934 fue acusado de
instigar éstas, mas consigue “desaparecer”, siendo prendido en su lugar su hijo
mayor, Julio Ramón, acusado de incendiar la iglesia de Rioseco (posteriormente
fue declarado inocente). Así las cosas y tras serenarse todo y volver a
“aparecer” Julio Ignacio, éste es cesado en su cargo en junio del año
siguiente, lo cual aprovecha para enviar a su hijo mayor a Méjico. Mientras
Julio Ignacio es llevado a la cárcel de Gijón, es sustituido en la alcaldía por
Arturo León Zapico. Julio es encarcelado y, según algunos testimonios,
torturado, aunque al año siguiente es puesto en libertad y devuelto a su cargo
en el consistorio lavianense. El 18 de julio de 1936 se abre un proceso contra
él de la Ley de Resposabilidades Políticas por parte del Tribunal Especial para
la Represión de la Masonería y del Comunismo. Al año siguiente debe huir a León
durante el movimiento republicano, lugar desde el cual alcanza Portugal.
Regresó con posterioridad a España vía
París después de diez meses en el país luso, refugiándose en el Ministerio de
Instrucción Pública y Sanidad en Valencia. Entre tanto, junto con su hermana
desde Méjico consigue que sus hijas puedan viajar al país centroamericano a
través de su embajada y aduciendo su doble nacionalidad, aunque se empleó en
ello año y medio.
Tras la guerra civil intenta exiliarse en Méjico sin conseguirlo,
siendo sus bienes confiscados y “puestos a remate” en la década de 1940.
Establecido en San Sebastián como comerciante, por fin consigue tramitar su
pasaporte después de quince años, partiendo hacia Méjico en mayo de 1949 como
comerciante. Una vez allí, se acoge a las leyes mejicanas del exilio y adquiere
la naturalización en 1951, tres años antes de morir. Aun así, en 1957 se le
reabre el proceso de la Ley de Responsabilidades Políticas.
Luciano López y García Jove
El día veintiuno de enero de mil
ochocientos ochenta y cinco, el infrascrito Cura de Santa María de Pola de
Laviana, Diocesis de Oviedo, bauticé solemnemente a un niño que nació en la
misma, a las dos de la mañana del día siete de este mes y se llamó Luciano,
hijo legítimo y de legítimo matrimonio de mis feligreses Don Mariano López, de
profesión farmacéutico, natural de la ciudad de León y Doña Concepción García
Jove, esta de Laviana; abuelos paternos, Don Francisco, natural y vecino de
dicha ciudad de León y Doña Tomasa Miguel, difunta, natural de Sahagún,
provincia de León; maternos Don Gaspar García Jove, natural de San Martín de
Lorío y Doña Leonor Alonso, vecinos de Laviana; padrinos mi feligrés Don
Eladio, casado, tío del niño y Doña Inocencia del Valle, casada, de Villa,
Langreo, la que no contrajo parentesco; advertí lo que prescribe el Ritual
Romano. Para que conste lo firmo. – José María García.
A pesar de lo que dice la
partida de bautismo, es parecer común otorgar a Luciano el día 17 como el de su
nacimiento, por el cual motivo tal vez haya errata en la partida. En cuanto al
mes, éste se trataba de enero, y el año era el de 1885.
Sus estudios de Bachiller los realizó en el colegio de Valdediós,
edificio al lado del “Conventín”, cerca de Villaviciosa. Más tarde fue
trasladado al Seminario de Oviedo, en donde se le ordenó sacerdote en el año
1909. Así mismo, ese mismo año comenzó a enseñar en Valdediós como maestro,
profesión que también ejercería en el Seminario ovetense cuatro años después.
Ya en 1939 se encargó de impartir la materia religiosa en el Instituto Nacional
de Enseñanza Media Femenino de Oviedo. Además de todos estos cargos, en su
haber se debe mencionar su licenciatura en Derecho por la Universidad de la
capital asturiana. Como escritor publicó algunos libros, de entre los cuales
destacan un par de ellos dedicados a la historia del reino de Asturias y,
principalmente a los acontecimientos ocurridos en la conocida como “batalla de
Covadonga”.
Este presbítero, a diferencia de otros más jóvenes, nunca dejó de
vestir la sotana, el manteo y la teja (uniforme obligado en su cargo hasta la
modificación hecha durante el Concilio Vaticano II), por cuyo motivo fue
siempre reconocido cuando paseaba por las calles ovetenses arrastrando sus
muchos años de vida. No es de extrañar, pues, que por sus trabajos como
escritor y sacerdote el seis de julio de 1989 le fuera concedido el título de
Hijo Adoptivo de Oviedo. Los últimos años los pasó en la Casa Sacerdotal de
Oviedo, siendo en aquel momento el sacerdote más anciano del mundo, según
afirmación de la diócesis carbayona, y uno de los españoles con más años
vividos, pues murió centenario el 28 de agosto de 1992 con 107 años. Entre sus
méritos está el haber dejado su impronta como capellán en la Institución
Teresiana. Como curiosidad, Luciano siempre creyó en la vida más allá de este
planeta, por el cual motivo se mantuvo interesado en los temas relacionados con
los o.v.n.i.s, así como en la parapsicología.
El funeral fue celebrado en la catedral, iniciándose la misa a las doce
del mediodía.
Mariano Menéndez Valdés
ALDEA. Mariano, hijo de José Menéndez
Argüelles.
En
la Iglesia Parroquial de S. Estevan del Condado, concejo de Laviana, día veinte
y cinco de Enero, año mil ochocientos cuarenta. Yo D. Vicente Pérez Estrada,
Dr. en sagrada Teología, Pbro. Cura propio de esta parroquia bauticé
solemnemente un niño, que nació el día anterior, y se llamó MARIANO, hijo
legítimo, de legítimo matrimonio de los Sres. D. José Menéndez Argüelles y de
Dña. María Valdés Hevia, natural ésta del lugar y parroquia limítrofe de S.
Martín de Lorío y aquél oriundo y vecino de la Aldea en esta mi feligresía:
Abuelos paternos, D. Ignacio y Dña. Teresa Caso Covos, procedente esta de
Bezanes, parroquia de Sobre-Castiello en el concejo de Caso y natural aquel y
vecino del citado de la Aldea: Maternos, D. Bernardo, natural del referido
lugar de Lorío y Dña. Vicenta Caso Covos, difunta, oriunda del insinuado pueblo
de Bezanes, vecinos de Pola de Laviana. Fue su padrino D. José Valdés Hevia,
tío del infante, vecino también de la Pola, a quien advertí sus obligaciones y
el parentesco espiritual que contrajo. Para que conste lo firmo: fecha ut
supra. –Vicente Pérez Estrada.
Sus primeros años de estudio los
pasó en una de las escuelas episcopales de Pola de Laviana, como las que
estaban situadas en los pórticos de la iglesia de San Martín de Lorío o en el
cabildo de la capilla de Santa Eugenia de Puente de Arco o en el cabildo de
Santa María del Otero o en la capilla de San Miguel. Cuando le llegó el día,
inició los estudios de Derecho en Oviedo para la tutela de su abuelo, Bernardo
Valdés.
Con 17 años se unió en
matrimonio con Inocencia García Ciaño, del palacio de la Cabezada de Blimea.
Fruto de esta unión nacería un hijo a quien pusieron de nombre Benito, el cual
llegaría a ejercer como alcalde del concejo, correspondiéndole a él la
inauguración de la nueva casa consistorial en 1905. Antes, en 1866, su padre
Mariano sería diputado provincial, cargo que ostentó durante tres elecciones, y
más tarde promotor fiscal de Laviana. En 1874 sería nombrado Director de
Correos en Oviedo y tres años después llegaría a la fiscalía en Navalcarnero
para, sólo dos años más tarde, pasar a profesar como Jefe de la Dirección de
establecimientos penales. Casi sin un respiro, en 1883 preparó las maletas para
trasladarse a Pagasinán, en Filipinas, pues había sido dispensado con el
nombramiento de Gobernador del citado lugar, así como de La Laguna y de Batán. Además,
era jefe de administración de lo contencioso administrativo de Filipinas. Entre
otras actividades, fue colaborador de la prensa escrita, tanto de periódicos
asturianos como de otros de tirada nacional; a esto se le suma la publicación
de cuatro libros entre los años 1866 y 1881.
Se cuenta de Mariano que era un
fumador empedernido, apurando buenos puros y, si por casualidad alguna vez se
veía sin tabaco, tomaba prestada la cajetilla de algún conocido, pero sin
devolución. Tal debió de ser, pues existen unos versos que hacen referencia a
ello: “Buen obrero intelectual / y excelente historiador, / aún no tuvo rival /
que le gane a fumador”. Mariano murió en Batán el 8 de mayo de 1891. En Pola de
Laviana se le recuerda no sólo por la “casona de los Menéndez” (que data del
siglo XVI) en la Aldea, sino también por una calle que se le dedicó.
Maximiliano Arboleya Martínez
El día once de octubre de 1870, yo el infrascripto coadjutor ad nutum
de Santa María de Otero, capital de la Pola de Laviana, Provincia y Diócesis de
Oviedo, bauticé solemnemente a un niño nacido a las diez de la noche del día
nueve, a quien pusieron por nombre Benjamín Maximiliano, hijo legítimo de
legítimo matrimonio, de don Marcelino Arboleya, y de doña Amalia Martínez,
naturales, él de Sta. María de Suares, concejo de Bimenes, avecindado en la
Pola, siendo oficial del Registro de la Propiedad, y ella natural de esta
villa; abuelos paternos, don Manuel y doña María Turrado, difuntos, vecinos que
fueron de dicha parroquia de Suares, en Bimenes; maternos don Manuel María,
natural de Tiñana, Siero, hoy avecindado en ésta, y doña Teresa Corujo,
difunta, natural que ha sido de esta feligresía.
Maximiliano Arboleya Martínez,
pues, fue nacido en Pola de Laviana y habría de comenzar sus estudios en la
escuela de Pedro García Morán, a donde asistían también Manuel de Jesús y
Graciano. Pasó luego al Seminario de Oviedo en 1884 y de ahí se mudó con una
beca a Roma en 1892, lugar en donde se licenció en Teología y Derecho. Tres
años desde su partida, fue ordenado sacerdote en Oviedo por su tío, el obispo
Fray Ramón Martínez Vigil. Mientras ejerce como profesor en el seminario en
1898 obtiene plaza de canónigo en la catedral de Oviedo, fundando en 1900 la
Liga de Defensa Eclesiástica. Desde 1901 ejerce como director del diario “El
Carbayón”, el cual eleva a cuotas hasta entonces desconocidas por el susodicho
periódico
En la capital asturiana,
Maximiliano se dedicó a propagar sus ideas en favor de los sindicatos obreros,
en los que no hubiera intervenciones de los patrones o empresarios y
cualesquiera otros, todo lo cual le provocó serias enemistades en el seno de la
propia Iglesia, siendo acusado de revolucionario, socialista y demagogo. Ese
catolicismo social suyo le llevó a emprender diversos proyectos, que no
llegaron a buen puerto, dirigidos todos hacia un sindicalismo católico puro.
En 1923 su buen amigo y
compañero de estudios el obispo Juan Bautista Luis y Pérez le nombra deán de la
catedral de Oviedo. Un leve reconocimiento que apenas le traería alegrías ni
esperanzas. Durante la Segunda República recorrió las cuencas invitado a
diversos actos mineros, siempre bien recibido. Lo que lo no llegó a
experimentar fue la Revolución de Octubre del ’34, pues precisamente se hallaba
en Zaragoza asistiendo a una Semana Social. Incluso tras la Guerra Civil, en
pleno “franquismo”, Maximiliano continuó con su particular lucha obrera, si
bien cada vez con menor fuerza, que no insistencia, lo cual le llevó a ser
trasladado a Meres, lugar en el que fallecería un 19 de enero de 1951. Meses
después, en agosto de ese mismo año, se le dio su nombre a una de las plazas de
Pola de Laviana.
Esta plaza que hoy en día lleva
el nombre de tan insigne munícipe fue llamada, en su momento, “La Plaza Vieja”,
en oposición a “La Plaza Nueva”, en la actualidad Plaza de Fray Ceferino. En
aquella Plaza Vieja, unida a la Plaza del Sol, se hallaba el Ayuntamiento y el
Juzgado, según muestra un dibujo de mediado el siglo XIX, poco después de haber
construido la cárcel, cuando aún estaban en pie las capillas de San Miguel y de
San José.