La historia de la vida lúdico-cultural de Pola de Laviana de excelsitud
queda circunscrita a un reducido espacio de tiempo. Salvo contadas gotas
añejas, dispares y poco representativas, no es hasta mediados del siglo XIX en
que comienza a haber una preocupación hacia temas menos económicos y sociales.
Tal vez por influencia de los grandes personajes lavianeses, tales como
Arboleya, Fray Ceferino, Palacio Valdés…, el impulso definitivo se notará a
finales del citado siglo y ya entrado el siguiente. Así, junto a publicaciones
como el semanario El Porvenir de Laviana
o la revista Laviana, ambas fundadas
por Eladio García Jove, aparecen otras publicaciones como La Voz de Laviana, periódico fundado en 1908 y dirigido por
Fabriciano González, a la postre secretario del Ayuntamiento y poeta en sus
ratos libres (en 1979 la dirección pasó a Carlos Cuesta); también, ya años más
tarde, aparecerá la revista Alto Nalón.
Temas de Asturias, hija de Albino Suárez. Durante muchos años, incluso siglos, Pola de Laviana
careció de un buen plan de educación, entre otros motivos por falta de una
escuela. Sí existían escuelas privadas, hasta tres, pero no públicas, pues las
clases se daban en lugares del todo inapropiados, como los bajos de los
hórreos, los soportales o, en el mejor de los casos, en locales alquilados y
casas particulares. Hay que esperar hasta octubre de 1891 para tener una
escuela de enseñanza primera y secundaria, la cual se localizaba en la calle El
Sol bajo la advocación de Santa María del Otero, todo ello gracias a los
esfuerzos de quien fue su director Sotero Blanco; por desgracia, esta iniciativa
solamente duró tres años. Desde ahí habrá que dar un salto hasta 1924, cuando
se comenzó a pensar en un edificio construido con el propósito firme de
impartir en él clases al alumnado, estado éste que duró un par de años, hasta
1926, precisamente el año en que llegó a la villa la Extensión Universitaria
mediante cursillos y conferencias, año en que se menciona una escuela en la
antigua "casa de la cultura", la cual contaba incluso con biblioteca.
En 1931 se abren, por fin, unas escuelas públicas decentes, ubicadas en el
edificio proyectado siete años antes, y que serán las conocidos, con
posterioridad como "las escuelas viejas", siendo dedicadas a la Inspectora
Elena Sánchez Tamargo, el cual edificio fue residencia hospitalaria durante
la contienda civil que arrasó España entre los años 1936-139, y posteriormente
cuartel militar, en donde convivieron
legionarios, regulares y otros “mílites” del ejército español. Tras este
período (hospital militar y cuartel de la legión), las escuelas servirán de centro
de enseñanza hasta que en los años '70 estas actividades pasan a las nuevas
dotaciones edificadas en Fontoria Nueva, que llevaban por nombre Elena Sánchez
Tamargo, lugar en que se impartirán las clases de enseñanza primaria, dejando
la secundaria para el instituto David Vázquez, mientras que el antiguo edificio de las escuelas se reconvirtió en un
Centro de Investigación y Desarrollo del Alto Nalón (CIDAN), inaugurado concretamente
el último día de enero de 2006.
La villa y puebla de Laviana fue otrora un núcleo poblacional de escaso
valor, no siendo hasta finales del siglo XIX y principios del XX en que comenzó
a despegar hasta convertirse en la población más importante de la parte alta
del Valle del Nalón. Como ejemplo baste significar que en un censo de 1888 Pola
de Laviana aparecía con un total de 824 habitantes, en tanto que en 1996 el
número había aumentado hasta 8.149. Aun más, según el censo de 1851 la Pola
contaba con 300 vecinos, mientras Lorío casi doblaba la cifra, 550, siendo
Lorío, pues, el centro demográfico y administrativo de la zona (excepción hecha
de Tiraña y Villoria, que todavía eran cotos señoriales independientes). Este
aumento de los habitantes traería consigo la mejora de las infraestructuras,
reflejadas en las calles, plazas y urbanizaciones.
Hasta finales del siglo XIX la calle principal de la capital lavianesa
era conocida como Calle de Arriba, la cual coincidía con la ruta que llegaba
desde Caso en dirección al centro de la región a su paso por la urbe y que
llamaban “camino del Condao”. Aproximadamente en la entrada sur la ruta se
bifurcó en estos años de expansión, tomando la desviación una trayectoria
paralela a la vía principal, pero rodeando el núcleo poblacional y yendo más
cercana a la cuenca del río Nalón, cuyo cauce había sido desviado en tiempos
pretéritos para alejarlo de las casas y conseguir más tierra fértil. Como
quiera que la calle principal adquiriera en su recorrido una cierta elevación
con respecto a la otra calle, acabó siendo llamada tal cual hemos mencionado,
“Calle de Arriba”, en tanto la secundaria acabó por ser denominada, como es
natural, “Calle de Abajo”. Poco a poco Pola de Laviana fue expansionándose con
el lógico aumento de la población nativa y la llegada de nuevos residentes.
Dado que a un lado se encontraba la zona empinada y al otro la zona llana por
donde otrora transcurriera el río Nalón, las nuevas construcciones fueron
extendiéndose hacia esta última franja; es decir, la villa fue engullendo a la
Calle de Abajo. A su vez, el ingeniero Salustio González Regueral (1829-1892),
que realizaba su trabajo dentro del marco asturiano aportando notables
contribuciones a la reordenación de Gijón y Oviedo (a él se deben varias de las
carreteras que durante el siglo XX habrán de ser transitadas con frecuencia,
como la de Oviedo-Villaviciosa o la calle Uría ovetense, incluso llegó a entrar
dentro del mundo de la política siendo diputado por Luarca, Oviedo y Laviana);
él, Salustio Regueral, fue el principal artífice del acondicionamiento de la
actual carretera Avilés-Tarna en torno a 1890, que a su paso por Pola de
Laviana cambió la faz urbanística; esto es, eligió la Calle de Abajo como
entronque de la ruta, ampliando la calzada y disponiendo de los márgenes
pertinentes. De este modo, la Calle de Abajo pasó a denominarse Calle de
Salustio Regueral y su importancia como eje vertebrador de la villa progresó en
detrimento de la Calle de Arriba, que con el paso del tiempo acabará siendo “la
calle de atrás”. Esta calle habrá de conocer una nueva denominación, pues en
1931 se rebautizará con el nombre de Calle de José Concheso, en honor a José
Concheso Coya (1869-1911), natural de Pando, emigrante hacia las Américas, tras
la cual aventura regresó con dineros
para instalar en la Calle de Salustio Regueral un negocio de hostelería, “El
Pasaje”, que cambió de ubicación poco tiempo después (se cambió a la acera de
enfrente y se instaló de forma definitiva en el número 11 de dicha calle); estamos
en la primera década del siglo XX. Sin embargo, no fue por sus méritos pecuniarios
por los que su nombre fue encumbrado al otorgar su onomástica a la calle
principal de la villa, sino por su constante
participación política desde la perspectiva republicana, traspasando su
fama las fronteras del propio concejo.
Con la guerra civil y el triunfo del bando sublevado se volvió a cambiar
el nombre de la calle principal, sustituyendo el nombre de un republicano por
el de “Generalísimo”, en franca alusión al entonces Jefe del Estado, Francisco
Franco, algo que fue de uso común en todo el territorio español. En este punto
se debe hacer un pequeño paréntesis, pues en un documento aparece el nombre de
Calle de Arturo León; según el autor del artículo, este nombre fue el que se
dio a esta calle principal tras la finalización de la guerra y con él se llegó
a mediados de la década de 1950; no obstante, se debe aclarar que el susodicho
nombre tal vez se refiera a una parte de lo que actualmente es la Calle
Libertad, para ser más exactos a la parte final en sentido Tarna. Aún más y en
otro sentido, existe una fotografía de la calle principal denominándola
“Avenida Armando Palacio Valdés”, de cuya veracidad cabría esperar una fuente
dudosa. La calle fue conocida por el popular nombre de “La General” por alusión
a la categoría que ostentaba dicha calle, más que por alusión al nombre en sí;
en cualquier caso, en 1979, una vez dada por finiquitada la dictadura
franquista y llegado el tiempo democrático, se vuelve a cambiar el nombre de la
calle en cuestión, bautizándola como “Libertad”, en clara alusión a los nuevos
valores que en aquel entonces acababan de ver la luz.
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