domingo, 2 de octubre de 2016

ASPECTOS SOCIALES

La historia de la vida lúdico-cultural de Pola de Laviana de excelsitud queda circunscrita a un reducido espacio de tiempo. Salvo contadas gotas añejas, dispares y poco representativas, no es hasta mediados del siglo XIX en que comienza a haber una preocupación hacia temas menos económicos y sociales. Tal vez por influencia de los grandes personajes lavianeses, tales como Arboleya, Fray Ceferino, Palacio Valdés…, el impulso definitivo se notará a finales del citado siglo y ya entrado el siguiente. Así, junto a publicaciones como el semanario El Porvenir de Laviana o la revista Laviana, ambas fundadas por Eladio García Jove, aparecen otras publicaciones como La Voz de Laviana, periódico fundado en 1908 y dirigido por Fabriciano González, a la postre secretario del Ayuntamiento y poeta en sus ratos libres (en 1979 la dirección pasó a Carlos Cuesta); también, ya años más tarde, aparecerá la revista Alto Nalón. Temas de Asturias, hija de Albino Suárez.  Durante muchos años, incluso siglos, Pola de Laviana careció de un buen plan de educación, entre otros motivos por falta de una escuela. Sí existían escuelas privadas, hasta tres, pero no públicas, pues las clases se daban en lugares del todo inapropiados, como los bajos de los hórreos, los soportales o, en el mejor de los casos, en locales alquilados y casas particulares. Hay que esperar hasta octubre de 1891 para tener una escuela de enseñanza primera y secundaria, la cual se localizaba en la calle El Sol bajo la advocación de Santa María del Otero, todo ello gracias a los esfuerzos de quien fue su director Sotero Blanco; por desgracia, esta iniciativa solamente duró tres años. Desde ahí habrá que dar un salto hasta 1924, cuando se comenzó a pensar en un edificio construido con el propósito firme de impartir en él clases al alumnado, estado éste que duró un par de años, hasta 1926, precisamente el año en que llegó a la villa la Extensión Universitaria mediante cursillos y conferencias, año en que se menciona una escuela en la antigua "casa de la cultura", la cual contaba incluso con biblioteca. En 1931 se abren, por fin, unas escuelas públicas decentes, ubicadas en el edificio proyectado siete años antes, y que serán las conocidos, con posterioridad como "las escuelas viejas", siendo dedicadas a la Inspectora  Elena Sánchez Tamargo, el cual edificio fue residencia hospitalaria durante la contienda civil que arrasó España entre los años 1936-139, y posteriormente cuartel militar, en donde convivieron  legionarios, regulares y otros “mílites” del ejército español. Tras este período (hospital militar y cuartel de la legión), las escuelas servirán de centro de enseñanza hasta que en los años '70 estas actividades pasan a las nuevas dotaciones edificadas en Fontoria Nueva, que llevaban por nombre Elena Sánchez Tamargo, lugar en que se impartirán las clases de enseñanza primaria, dejando la secundaria para el instituto David Vázquez, mientras que el antiguo edificio de las escuelas se reconvirtió en un Centro de Investigación y Desarrollo del Alto Nalón (CIDAN), inaugurado concretamente el último día de enero de 2006.
La villa y puebla de Laviana fue otrora un núcleo poblacional de escaso valor, no siendo hasta finales del siglo XIX y principios del XX en que comenzó a despegar hasta convertirse en la población más importante de la parte alta del Valle del Nalón. Como ejemplo baste significar que en un censo de 1888 Pola de Laviana aparecía con un total de 824 habitantes, en tanto que en 1996 el número había aumentado hasta 8.149. Aun más, según el censo de 1851 la Pola contaba con 300 vecinos, mientras Lorío casi doblaba la cifra, 550, siendo Lorío, pues, el centro demográfico y administrativo de la zona (excepción hecha de Tiraña y Villoria, que todavía eran cotos señoriales independientes). Este aumento de los habitantes traería consigo la mejora de las infraestructuras, reflejadas en las calles, plazas y urbanizaciones.

Hasta finales del siglo XIX la calle principal de la capital lavianesa era conocida como Calle de Arriba, la cual coincidía con la ruta que llegaba desde Caso en dirección al centro de la región a su paso por la urbe y que llamaban “camino del Condao”. Aproximadamente en la entrada sur la ruta se bifurcó en estos años de expansión, tomando la desviación una trayectoria paralela a la vía principal, pero rodeando el núcleo poblacional y yendo más cercana a la cuenca del río Nalón, cuyo cauce había sido desviado en tiempos pretéritos para alejarlo de las casas y conseguir más tierra fértil. Como quiera que la calle principal adquiriera en su recorrido una cierta elevación con respecto a la otra calle, acabó siendo llamada tal cual hemos mencionado, “Calle de Arriba”, en tanto la secundaria acabó por ser denominada, como es natural, “Calle de Abajo”. Poco a poco Pola de Laviana fue expansionándose con el lógico aumento de la población nativa y la llegada de nuevos residentes. Dado que a un lado se encontraba la zona empinada y al otro la zona llana por donde otrora transcurriera el río Nalón, las nuevas construcciones fueron extendiéndose hacia esta última franja; es decir, la villa fue engullendo a la Calle de Abajo. A su vez, el ingeniero Salustio González Regueral (1829-1892), que realizaba su trabajo dentro del marco asturiano aportando notables contribuciones a la reordenación de Gijón y Oviedo (a él se deben varias de las carreteras que durante el siglo XX habrán de ser transitadas con frecuencia, como la de Oviedo-Villaviciosa o la calle Uría ovetense, incluso llegó a entrar dentro del mundo de la política siendo diputado por Luarca, Oviedo y Laviana); él, Salustio Regueral, fue el principal artífice del acondicionamiento de la actual carretera Avilés-Tarna en torno a 1890, que a su paso por Pola de Laviana cambió la faz urbanística; esto es, eligió la Calle de Abajo como entronque de la ruta, ampliando la calzada y disponiendo de los márgenes pertinentes. De este modo, la Calle de Abajo pasó a denominarse Calle de Salustio Regueral y su importancia como eje vertebrador de la villa progresó en detrimento de la Calle de Arriba, que con el paso del tiempo acabará siendo “la calle de atrás”. Esta calle habrá de conocer una nueva denominación, pues en 1931 se rebautizará con el nombre de Calle de José Concheso, en honor a José Concheso Coya (1869-1911), natural de Pando, emigrante hacia las Américas, tras la cual aventura regresó  con dineros para instalar en la Calle de Salustio Regueral un negocio de hostelería, “El Pasaje”, que cambió de ubicación poco tiempo después (se cambió a la acera de enfrente y se instaló de forma definitiva en el número 11 de dicha calle); estamos en la primera década del siglo XX. Sin embargo, no fue por sus méritos pecuniarios por los que su nombre fue encumbrado al otorgar su onomástica a la calle principal de la villa, sino por su constante  participación política desde la perspectiva republicana, traspasando su fama las fronteras del propio concejo. Con la guerra civil y el triunfo del bando sublevado se volvió a cambiar el nombre de la calle principal, sustituyendo el nombre de un republicano por el de “Generalísimo”, en franca alusión al entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, algo que fue de uso común en todo el territorio español. En este punto se debe hacer un pequeño paréntesis, pues en un documento aparece el nombre de Calle de Arturo León; según el autor del artículo, este nombre fue el que se dio a esta calle principal tras la finalización de la guerra y con él se llegó a mediados de la década de 1950; no obstante, se debe aclarar que el susodicho nombre tal vez se refiera a una parte de lo que actualmente es la Calle Libertad, para ser más exactos a la parte final en sentido Tarna. Aún más y en otro sentido, existe una fotografía de la calle principal denominándola “Avenida Armando Palacio Valdés”, de cuya veracidad cabría esperar una fuente dudosa. La calle fue conocida por el popular nombre de “La General” por alusión a la categoría que ostentaba dicha calle, más que por alusión al nombre en sí; en cualquier caso, en 1979, una vez dada por finiquitada la dictadura franquista y llegado el tiempo democrático, se vuelve a cambiar el nombre de la calle en cuestión, bautizándola como “Libertad”, en clara alusión a los nuevos valores que en aquel entonces acababan de ver la luz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario