Ribota
Según apunta Antonio Gil: “En la
escritura de donación de la capellanía de San Roque en el Obellayo, ribota la
funda Bernardo García Junco y Maria Gonzalez Castañón en 1681, éstos dicen que
la fundan en favor de su promogénito, don Roque García Junco; eso es alrededor
de 1.69... A su vez, en un aniversario de la capellanía Bernardo dice que
previa a la fundación de esta capellanía, se sobreentiende que fundada por sus
padres, pagaba 5 aniversarios fundados por sus mayores, llamados Medero y Clara
García, por tanto sus abuelos. En la lista de aniversarios que se deben de
declarar en las iglesias aparece lo siguiente: fol 23 vuelta: En la casa de Rectoria de S.M de Lorío etc etc a 12 dias
del mes de enero de 1701 pareció ante mí ss... Bernardo Garcia Junco vecino del
lugar de ribota de esta paroquia de Lorío y dixo que lleva en el lugar de
piñeres un prado cerrado.... y reconoce que se habia fundado sobre dicho prado
por Medero y Clara Garcia sus mayores 5 misas de aniversario perpetuas rezadas
etc etc, y en cuyo molino habiendo el que declara ( bernardo) fundado una
capellania en la ermita del Obellayo en el altar del glorioso San
Roque...etc...”
La capilla del “Ovellaio” de Ribota es un edificio construido bajo la
advocación de Santa Eugenia allá por el siglo XVI. Tiempo ha, Francisco García
Alas fundó la capellanía de esta ermita, cuyo patronazgo correspondía en 1734 a
José Cima de Villa, natural de Canzana. En 1756 Bernardo de la Rúa mandó erigir
otra capilla, a causa del lamentable estado según confirman los libros
parroquiales, a favor de su hija Juanita Antonio Vigil de la Rúa, vecina de
Oviedo, para lo cual se eligió como localización El Quintanal, y encomendando la
advocación a San Juan Bautista y a la Purísima Concepción; curiosamente esta
Juanita estaba casada con Juan Antonio Hevia y Argüelles, que era Caballero del
Hábito de Santiago, además de poseer los títulos de Señor y Mayordomo de las
Casas de su apellido. El caso es que en 1815 la imagen de la Virgen que había
en el Obellayo (María sedente y amamantando a su hijo) fue trasladada a esta
nueva capilla y, a cambio, la que había en El Quintanal fue llevada al
Obellayo, en algunos lugares mencionada como Nuestra Señora del Fresno. Dato
curioso es que a raíz de la aparición de esta capilla en la novela de Armando
Palacio Valdés La aldea perdida, se dice que hubo quien la conocía como
“la capilla de los palos”.
Lorío
Las primeras referencias a la iglesia San Martín de Lorío datan de
época medieval, siendo su construcción de estilo románico; sin embargo, en
1699, debido al poco espacio para tan gran número de feligreses, se llevaron a
cabo ciertas modificaciones que acabaron prácticamente con la iglesia primigenia.
Más tarde, en 1725, se edificaron las capillas principales así como la
sacristía. Ya en los siglos XIX y XX se realizaron nuevas modificaciones, lo
que convirtió a la iglesia en lo que en términos arquitectónicos se denomina
“de estilo historicista”. Parece ser que el Cristo que preside la capilla de la
derecha se remonta al siglo XIV, en tanto que la Virgen del Rosario de la
capilla de la izquierda pertenece al silgo XVII. En cuanto a sus famosos
retablos, son originarios del siglo XVIII, siendo su autor el escultor
asturiano Antonio Borja y Zayas. Por lo que respecta al retablo central, fue
donado a la iglesia por el marqués de Santa Cruz de Marcenado. En cuanto a los
gastos de la iglesia de Lorío, habría que mencionar a Celleruelo. Se trata de un
pueblo dentro de la parroquia de Lorío, a una altura de unos 315 metros sobre
el nivel del mar y situado a la cabeza de una extensa vega llana (Villaverde).
La primera referencia contrastada a este pueblo se sitúa en un documento de
857, en donde se habla de su capilla dedicada a Santumederu (San Emeterio),
cuya festividad se celebra el cuatro de marzo. Durante la guerra civil de 1936,
como ocurrió en casi todos los edificios religiosos, la capilla fue maltratada,
siendo la talla del santo arrojada al río; aun así, se conservaba en un estado
reconocible hasta mediado el siglo XX. En 1941 la capilla de San Emeterio de
Celleruelo fue vendida a un particular para recaudar dinero con el que reparar
el pórtico de la iglesia de Lorío, acabando convertida la capilla primero en
una cuadra y posteriormente en parte de una vivienda.
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