Existen varios materiales provenientes de la Edad de Bronce; es decir,
unos dos mil años antes de nuestra era. Tales materiales consisten en unas “hachas”
encontradas en Villoria y Tiraña; a su
vez, se han descubierto unos túmulos megalíticos en Callacente y La Baúga,
ambos de esta misma época. Con posterioridad debieron de haber existido, al
parecer, algunos castros de la Edad de Hierro, sitos en El Cercu, El Prau de Castiello y La Corona en Boroñes,
si bien todavía no se han investigado lo suficiente como para afirmarlo con
rotundidad. José Manuel González llegó a catalogar como castro antiguo una zona
conocida como El Castrillón, junto al Prau Castiello por el mero hecho de que
su nombre alude a una fortificación; se trata de una casería situada en
un llano que corona una elevación por encima de El Retorturiu.
La
siguiente datación fidedigna, no obstante, una vez más, sin pruebas
suficientes, sería la ruta romana que conducía desde el puerto de Tarna hasta
el centro de la región asturiana, tal vez hasta Gijón. La creencia popular
sitúa en este período el “torreón” de El Condado y el “puente” de Villoria; sin
embargo, nada hace pensar que pudiera ser cierto, como se verá posteriormente. La primera referencia escrita donde se menciona el
concejo data del 20 de abril de 857, durante el reinado de Ordoño I,
refiriéndose a unas donaciones a la iglesia de San Salvador de Oviedo. Ya en el siglo XII
tenemos la construcción de una iglesia en el actual término de Villoria, de
cuya estructura original sólo queda en pie la portada, de arquitectura románica
(el resto del actual edificio data de una profunda reconstrucción del siglo
XVII; aún del siglo XVIII se fecha un retablo barroco en su interior flanqueado
por dos portadas laterales que podrían datar del siglo XVI). La advocación de
la iglesia fue San Nicolás.
También en el siglo IX, durante el reinado de Ordoño I, se sitúa la
construcción del monasterio benedictino de San Juan de Villaverde, el cual se
situaba próximo a Muñera, más o menos a la altura del lugar conocido como Alto
de San Pedro, dentro de la parroquia de Lorío. En el siglo XII la hija del
conde Fredenando, llamada Ildoncia Fredinandi, acuciada por las deudas, se vio
forzada a donar al monasterio de San Vicente de Oviedo su villa patrimonial de
Villaverde, junto a la de Salices, con que satisfacer así los cien maravedís de
oro que debía al abad Ordonio; tal hecho está fechado el día seis de febrero de
1160. Durante las obras realizadas en 1890 para adecuar la carretera entre
Avilés y el puerto de Tarna (proyecto promovido por Salustio Regueral), se
encontraron en este paraje diversos restos óseos y un buen número de tumbas,
algunas datadas en 1071, con toda probabilidad pertenecientes al antiguo
monasterio, del que nada queda en la actualidad, salvo algunos topónimos como
La Ceposa, La Viña o el propio nombre de la vega, Villaverde.
En el año
1115 varios representantes de un lugar llamado “Flaviana” acuden al concilio
que se celebró en Oviedo ese mismo año, de donde surgió el patronazgo del
monasterio de San Vicente, al cual quedó adscrita la antigua Flaviana, si bien
existe cierta corriente que sitúa el villazgo a finales de este siglo y no a
principios. Algo más de dos siglos después, en 1344, se otorga el título de Puebla al núcleo conocido en la actualidad
como Pola de Laviana, otorgado por el Príncipe de Asturias, quien más tarde
reinaría con el nombre de Juan II. Y ya a finales de este siglo la “Puebla de
Flabiana” recibía el título de “villa”, pues consta en varios documentos que ya durante el reinado de este Juan II
(siglo XV) Pola de Laviana ostentaba el título de "villa". Este
título, sin embargo, no le valió para una independencia ni política ni social
ni de ningún tipo, pues a mediados de siglo aún pertenecía, como otras varias
villas y pueblas, a la merindad (es decir, al poder judicial) de Diego
Fernández de Quiñones. Un siglo después, en 1504, aparece como cabeza del
municipio del mismo nombre, lo cual le permitiría tener sus propios
representantes en la Jun ta General del Principado, en aquel momento en número
de veinticinco.
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