domingo, 2 de octubre de 2016

PRIMEROS DATOS HISTÓRICOS


Existen varios materiales provenientes de la Edad de Bronce; es decir, unos dos mil años antes de nuestra era. Tales materiales consisten en unas “hachas” encontradas en  Villoria y Tiraña; a su vez, se han descubierto unos túmulos megalíticos en Callacente y La Baúga, ambos de esta misma época. Con posterioridad debieron de haber existido, al parecer, algunos castros de la Edad de Hierro, sitos en El Cercu, El Prau de Castiello y La Corona en Boroñes, si bien todavía no se han investigado lo suficiente como para afirmarlo con rotundidad. José Manuel González llegó a catalogar como castro antiguo una zona conocida como El Castrillón, junto al Prau Castiello por el mero hecho de que su nombre alude a una fortificación; se trata de una casería situada en un llano que corona una elevación por encima de El Retorturiu.
La siguiente datación fidedigna, no obstante, una vez más, sin pruebas suficientes, sería la ruta romana que conducía desde el puerto de Tarna hasta el centro de la región asturiana, tal vez hasta Gijón. La creencia popular sitúa en este período el “torreón” de El Condado y el “puente” de Villoria; sin embargo, nada hace pensar que pudiera ser cierto, como se verá posteriormente. La primera referencia escrita donde se menciona el concejo data del 20 de abril de 857, durante el reinado de Ordoño I, refiriéndose a unas donaciones a la iglesia de San Salvador de Oviedo. Ya en el siglo XII tenemos la construcción de una iglesia en el actual término de Villoria, de cuya estructura original sólo queda en pie la portada, de arquitectura románica (el resto del actual edificio data de una profunda reconstrucción del siglo XVII; aún del siglo XVIII se fecha un retablo barroco en su interior flanqueado por dos portadas laterales que podrían datar del siglo XVI). La advocación de la iglesia fue San Nicolás.
También en el siglo IX, durante el reinado de Ordoño I, se sitúa la construcción del monasterio benedictino de San Juan de Villaverde, el cual se situaba próximo a Muñera, más o menos a la altura del lugar conocido como Alto de San Pedro, dentro de la parroquia de Lorío. En el siglo XII la hija del conde Fredenando, llamada Ildoncia Fredinandi, acuciada por las deudas, se vio forzada a donar al monasterio de San Vicente de Oviedo su villa patrimonial de Villaverde, junto a la de Salices, con que satisfacer así los cien maravedís de oro que debía al abad Ordonio; tal hecho está fechado el día seis de febrero de 1160. Durante las obras realizadas en 1890 para adecuar la carretera entre Avilés y el puerto de Tarna (proyecto promovido por Salustio Regueral), se encontraron en este paraje diversos restos óseos y un buen número de tumbas, algunas datadas en 1071, con toda probabilidad pertenecientes al antiguo monasterio, del que nada queda en la actualidad, salvo algunos topónimos como La Ceposa, La Viña o el propio nombre de la vega, Villaverde.

En el año 1115 varios representantes de un lugar llamado “Flaviana” acuden al concilio que se celebró en Oviedo ese mismo año, de donde surgió el patronazgo del monasterio de San Vicente, al cual quedó adscrita la antigua Flaviana, si bien existe cierta corriente que sitúa el villazgo a finales de este siglo y no a principios. Algo más de dos siglos después, en 1344, se otorga el título de Puebla al núcleo conocido en la actualidad como Pola de Laviana, otorgado por el Príncipe de Asturias, quien más tarde reinaría con el nombre de Juan II. Y ya a finales de este siglo la “Puebla de Flabiana” recibía el título de “villa”, pues consta en varios documentos que ya durante el reinado de este Juan II (siglo XV) Pola de Laviana ostentaba el título de "villa". Este título, sin embargo, no le valió para una independencia ni política ni social ni de ningún tipo, pues a mediados de siglo aún pertenecía, como otras varias villas y pueblas, a la merindad (es decir, al poder judicial) de Diego Fernández de Quiñones. Un siglo después, en 1504, aparece como cabeza del municipio del mismo nombre, lo cual le permitiría tener sus propios representantes en la Jun ta General del Principado, en aquel momento en número de veinticinco.

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