Puente de Arco
Unos cuatro kilómetros río abajo desde El Condado se encuentra otra
población de asentamiento antiguo. Dos eran las rutas de penetración hacia el
centro de la región asturiana en lo que al concejo lavianés atañe. Una de las
rutas conducía desde el puerto de Tarna hasta el interior de Asturias,
realizando la mayor parte del trayecto por la orilla derecha del río Nalón; la
otra provenía del puerto de San Isidro, la cual, a la altura de lo que hoy es
Cabañaquinta, se bifurcaba: de frente continuaba hollando la cuenca del río
Caudal, mientras que a la derecha torcía para penetrar en la cuenca del río
Nalón a través de un paso conocido hoy en día como La Collaona. Esta última
ruta iba a dar a un pueblo que lleva el nombre de su estructura arquitectónica más
importante y famosa: Puente de Arco. Aquí, en este pueblecito, las dos rutas,
la de Tarna y la de San Isidro, se unían. Ésta última debía cruzar el río para
unirse con la puebla de la villa de Flaviana y continuar río abajo hacia los
demás concejos conquenses hasta llegar tierra adentro, o río arriba hasta
llegar a lo que hoy es el pueblo de Tarna. Así pues, de todo ello se deduce que
el puente que servía para nombrar al pueblo, era además vía de unión del Nalón
y del Caudal. De la importancia que tuvo este estratégico lugar aún permanece
en pie el edificio en donde se pagaba el “fielato”, en Iguanzo, unos metros más
abajo del propio puente; el edificio donde éste estaba ubicado, así como la
casona y la panera contiguas, pertenecían a la familia Alonso de Caso, dos de
cuyos miembros fueron recaudadores de la zona a finales del siglo XVIII y
principios del siglo XIX: Bernardo y su hijo Ramón, el cual fue tío-abuelo del
sacerdote Luciano López García-Jove, muy relacionado con la parroquia del
Otero. Había, no obstante, en Lorío otro puente fijo para cruzar el Nalón, pero,
a diferencia del anterior, solía ser derruido por las crecidas del río y, para
colmo, estaba más alejado aún. Otro modo de salvar la corriente del Nalón era
hacerlo en una chalana, a unos dos kilómetros de la capital municipal, pero
resultaba incómodo, cuando no imposible, si se intentaba cruzar el río con
carruajes o cargas similares (los primeros puentes de este lugar datan del
siglo XIX y, al igual que el de Lorío, solían acabar en las aguas embravecidas
del río). En cuanto al puente que da nombre al pueblo, se debe aclarar que es
de tipo romano, pero no de época romana; con toda probabilidad fue erigido en
el siglo XIII, si bien ha sido remodelado a lo largo del tiempo, incluso
hormigonado en algunas partes. Al lado de éste se construyó otro puente de
hierro a principios del siglo XX con la única función de permitir el paso de un
trenecillo que transportaba el carbón desde las minas de La Curuxera, Ribota,
Villoria y Tolivia. Por desgracia, este puente fue desmontado en 1969 por falta
de uso debido al cierre de las susodichas minas, del cual puente solamente quedan
como vestigios del pasado los dos pilares sobre los que se asentaban los
raíles.
Puente de Arco pertenece y perteneció a la parroquia de San Martín de
Lorío, y fue en su capilla, cuya advocación fue la de Santa Eugenia y hoy de La
Magdalena, y no en la de Lorío donde se celebraban las asambleas municipales y
en donde se elegían las magistraturas laicas y eclesiásticas “en concejo
abierto”, al menos hasta 1786. Ese año el mayorazgo que era de La Tejera,
Francisco Antonio González Suárez, obtuvo de la Real Audiencia de Oviedo el
permiso para trasladar dichos actos, así como otros más, a la casa consistorial
de la capital, la cual serviría también de Juzgado, si bien en la capilla de
Puente de Arco se siguieron celebrando las juntas del Arciprestazgo hasta 1837.
Para desgracia de los vecinos de la capital municipal y de otros curiosos o
estudiosos, todos los documentos que allí se guardaban celosamente fueron pasto
de las llamas en 1875, tras los incidentes de la partida carlista liderada por
Ángel Rosas.
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