domingo, 2 de octubre de 2016

OTRAS REFERENCIAS AL CONCEJO (II)

Puente de Arco
Unos cuatro kilómetros río abajo desde El Condado se encuentra otra población de asentamiento antiguo. Dos eran las rutas de penetración hacia el centro de la región asturiana en lo que al concejo lavianés atañe. Una de las rutas conducía desde el puerto de Tarna hasta el interior de Asturias, realizando la mayor parte del trayecto por la orilla derecha del río Nalón; la otra provenía del puerto de San Isidro, la cual, a la altura de lo que hoy es Cabañaquinta, se bifurcaba: de frente continuaba hollando la cuenca del río Caudal, mientras que a la derecha torcía para penetrar en la cuenca del río Nalón a través de un paso conocido hoy en día como La Collaona. Esta última ruta iba a dar a un pueblo que lleva el nombre de su estructura arquitectónica más importante y famosa: Puente de Arco. Aquí, en este pueblecito, las dos rutas, la de Tarna y la de San Isidro, se unían. Ésta última debía cruzar el río para unirse con la puebla de la villa de Flaviana y continuar río abajo hacia los demás concejos conquenses hasta llegar tierra adentro, o río arriba hasta llegar a lo que hoy es el pueblo de Tarna. Así pues, de todo ello se deduce que el puente que servía para nombrar al pueblo, era además vía de unión del Nalón y del Caudal. De la importancia que tuvo este estratégico lugar aún permanece en pie el edificio en donde se pagaba el “fielato”, en Iguanzo, unos metros más abajo del propio puente; el edificio donde éste estaba ubicado, así como la casona y la panera contiguas, pertenecían a la familia Alonso de Caso, dos de cuyos miembros fueron recaudadores de la zona a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX: Bernardo y su hijo Ramón, el cual fue tío-abuelo del sacerdote Luciano López García-Jove, muy relacionado con la parroquia del Otero. Había, no obstante, en Lorío otro puente fijo para cruzar el Nalón, pero, a diferencia del anterior, solía ser derruido por las crecidas del río y, para colmo, estaba más alejado aún. Otro modo de salvar la corriente del Nalón era hacerlo en una chalana, a unos dos kilómetros de la capital municipal, pero resultaba incómodo, cuando no imposible, si se intentaba cruzar el río con carruajes o cargas similares (los primeros puentes de este lugar datan del siglo XIX y, al igual que el de Lorío, solían acabar en las aguas embravecidas del río). En cuanto al puente que da nombre al pueblo, se debe aclarar que es de tipo romano, pero no de época romana; con toda probabilidad fue erigido en el siglo XIII, si bien ha sido remodelado a lo largo del tiempo, incluso hormigonado en algunas partes. Al lado de éste se construyó otro puente de hierro a principios del siglo XX con la única función de permitir el paso de un trenecillo que transportaba el carbón desde las minas de La Curuxera, Ribota, Villoria y Tolivia. Por desgracia, este puente fue desmontado en 1969 por falta de uso debido al cierre de las susodichas minas, del cual puente solamente quedan como vestigios del pasado los dos pilares sobre los que se asentaban los raíles.

Puente de Arco pertenece y perteneció a la parroquia de San Martín de Lorío, y fue en su capilla, cuya advocación fue la de Santa Eugenia y hoy de La Magdalena, y no en la de Lorío donde se celebraban las asambleas municipales y en donde se elegían las magistraturas laicas y eclesiásticas “en concejo abierto”, al menos hasta 1786. Ese año el mayorazgo que era de La Tejera, Francisco Antonio González Suárez, obtuvo de la Real Audiencia de Oviedo el permiso para trasladar dichos actos, así como otros más, a la casa consistorial de la capital, la cual serviría también de Juzgado, si bien en la capilla de Puente de Arco se siguieron celebrando las juntas del Arciprestazgo hasta 1837. Para desgracia de los vecinos de la capital municipal y de otros curiosos o estudiosos, todos los documentos que allí se guardaban celosamente fueron pasto de las llamas en 1875, tras los incidentes de la partida carlista liderada por Ángel Rosas. 

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